17 de enero de 2016

Clutch shot. Capítulo I

¡Hola a todo el mundo! Aquí volvemos con el primer capítulo de un nuevo relato que esperamos os guste mucho. Os pedimos, como advertencia, que no toméis los sucesos contados en dicha historia como reales, es solo ficción aunque, lamentablemente, sí que contengan trazos de historias reales con las cuales nos hemos documentado antes de escribir estas líneas. Y hasta aquí la introducción, disfrutad con ello:


La historia comienza un 25 de marzo de 2015, en Chicago, la ciudad del viento.
Aquella tarde primaveral, se enfrentaban los dos equipos del momento: los Utah Jazz, líderes de conferencia y finalistas el año anterior, contra los anfitriones Chicago Bulls, poseedores del anillo y equipo a batir por todos en la nueva lucha por el campeonato.
Aquella tarde, la estatua de Michael Jordan poseía un brillo especial delante del pabellón United Center y, el perspicaz comisario Sam Winstone se dio cuenta de ello mientras prestaba sus respetos a la estatua del legendario jugador, que cierto día le hizo saltar del sofá celebrando alguno de sus seis anillos.

-Curioso. El hombre que más brilló por estos lares y, sin embargo, hoy parece algo oscurecida. En fin, serán cosas mías. Al fin y al cabo, estoy hablando solo y nadie está escuchando las cosas que hablo.

Al mismo tiempo que la gente comenzaba a abarrotar las gradas, Martin Rosenberg, dueño del equipo de Chicago, se relajaba antes de la batalla escuchando música clásica, con una copa de armagnac Clés des Ducs a la vez que fumaba uno de sus queridos habanos y sonreía con superioridad mientras miraba al centro de la cancha creyéndose, quizás, el hombre más poderoso y afortunado del mundo. En gran parte lo era, al menos en su ciudad, gracias a su amistad con el alcalde Gollowan quien le tendió una mano en su proyecto de liderar a los Bulls en recompensa por aquellas ayudas en la carrera por la alcaldía.
De repente, esa paz se iba a ver interrumpida por la súbita aparición de la entrenadora Amanda Hammond y el capitán del equipo Luke Robertson, quien llevó la voz cantante a la hora de comentar qué narices los llevaba a entrar de esa violenta manera al despacho del manager general ante las lágrimas y palidez de la entrenadora.
-¿Qué está ocurriendo? ¿Qué hacéis por aquí?
-Señor, yo... nosotros... el equipo...
-Demonios, deja de balbucear y dime qué está pasando y por qué estáis llorando. Tengo el corazón en un maldito puño -Rosenberg era un hombre poderoso y fuerte, pero a la vez sensible y altamente emocional, tanto que su apurado corazón ya le había dado un par de sustos; el primero, tras ver morir a su mujer en sus manos después de haber sido atropellada al cruzar una calle por alguien que se saltó el semáforo-. ¡Habla ahora, Luke! No querrás que me de otro infarto, ¿verdad?
-No, Martin, claro que no. Es por Johnson... han encontrado muerto a Will. En su casa. No se sabe aun qué ha pasado, pero la casa está vacía y él ha aparecido tendido en la cocina.
-Dios mío. No, no, no, ¡NO! ¡Will, no! Joder, era demasiado joven.

Amanda tragó saliva y con cara muy asustada, miró a Rosenberg tras unos segundos de silencio.
-He pedido suspender el partido, señor. Los... los árbitros están estudiando la decisión. Hay mucha gente aquí... y quizá todo eso sembraría el pánico entre los fans.
-Sí, sí, es la decisión más sabia. Bien hecho, Amanda. Hoy no importa nada, solo Will.
-Gracias.
-Amanda. Solo una cosa más. Winstone, él... él sabrá cómo investigar esto.
-Lo llamaré.

De repente, los ojos llorosos de la entrenadora Hammond cambiaron y se llenaron de seriedad, gracias también en parte a los esfuerzos de su capitán por mostrar entereza y ofrecerle su apoyo. Amanda tenía una preciosa cualidad: sus ojos expresaban sus emociones mucho mejor que las palabras y, en el momento que escuchó mencionar al comisario, se sintió como una pequeña superheroína intentando vengar la muerte de su pupilo.
Amanda siempre había confiado en el comisario, hasta el punto de vivir junto a él en aquellas extrañas semanas cuando un ex novio tarado la estuvo acosando. Algunos rumores comentaron sobre un posible romance entre ambos, pero la realidad es, que para la joven entrenadora era como el padre al que nunca conoció, y el comisario sentía que esa chica era como la hija que nunca pudo tener.
El destino los reunía de nuevo, pero esta vez los motivos eran mucho más oscuros que en aquella ocasión.
-Luke, ve abajo con los chicos, necesitan toda la fuerza y apoyo de su capitán y hermano. Yo... yo buscaré al comisario.
-De.. de acuerdo. Quizá él pueda arrojar luz sobre este asunto, aunque nada vuelva a ser lo mismo a partir de ahora y tampoco pueda estar él...

La noticia corrió como la pólvora entre árbitros, compañeros del equipo rival, entrenadores y, por último a los interesados carroñeros que se hacían llamar periodistas, que no dudaron ni por un instante en retransmitir la noticia a nivel nacional. Por otra parte, los fans no abandonaron a su equipo y, convirtieron el pabellón en un altar en memoria a William Johnson, la gran esperanza de la ciudad. Su leyenda arrancaba y, con ello, una larga investigación que esclarecería aquellos trágicos hechos que habían helado tantos corazones aquella tarde primaveral...

©AitorAlberto

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