14 de julio de 2016

ROARWOOD. FINAL


Un día después...

Resultó que el sheriff del pueblo, ese que tenía el móvil apagado, era el malo de la película. Mientras Pierre lo llamaba, él se encontraba tendido en el suelo del vestíbulo con la cabeza abierta debido al impacto con el suelo de mármol.
Horas después del hecho, las piezas del puzzle se fueron juntando en la mente de Pierre y, tener un poco más clara la historia hacía que el peso que se había formado sobre sus hombros se aligerara.


Y allí se encontraba en aquellos momentos, mirando el féretro de nogal que estaba siendo depositado en el fondo del agujero, mientras la mujer entre lágrimas se despedía por última vez de su marido. Sabía que por respeto a la viuda no debería de haber aparecido por allí, pero quería ver con sus propios ojos la reacción que esta tendría al ver la tumba. Aún no creía ni una sola palabra de las que ella había pronunciado sobre no saber nada de las acciones que había cometido su marido.
¿Cómo no se podía notar una conducta tan errática como aquella?

Se fue de allí tan silenciosamente como había aparecido. Se dirigió al hospital a ver a Emma y a Lily, que resultaba ser la chica que se encontraba debajo de toda aquella mugre, y aunque enchufada a cables por doquier y bolsas de suero, se encontraba fuera de peligro.
Todo había acabado bien, por lo menos para ellas dos. Tardarían en recuperarse, pero era cuestión de tiempo.



La luna se cernía como un fantasma en el despejado cielo, abriéndose paso entre los restos que quedaban de la mansión. Volvía a estar despojada de toda vida, había vuelto a ser abandonada como un juguete roto.
Sus muros guardaban muchos secretos, algunos de los cuales habían salido a la luz, otros no podían ver la luz nunca.

Aunque parecía que todo estaba en total calma, en el sótano algo se removía intranquilo. Una cadena de metal mantenía algo atado con fuerza en aquellos pocos metros cuadrados. 


Unos ojos se abrieron en la oscuridad y los gemidos volvieron a resonar en la casa de la colina...

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