28 de junio de 2016

ROARWOOD


PREFACIO:

 La impertérrita casa de la colina era el punto más alto de Roarwood, un pueblo con escasos habitantes que cada vez acuciaba más la falta de sangre nueva. Los pocos habitantes tenían diferentes teorías sobre lo que encerraba aquel hogar, si se le podía seguir llamando así. Los gemidos lastimeros que salían procedentes de ella parecían de animales agonizando, otros describían gritos espeluznantes que helaban la sangre... En lo único en que llegaban a ponerse de acuerdo, era en acercarse lo menos posible por la colina.
Pero siempre había algún que otro valiente que se arriesgaba a aparentar delante de los amigos, como era el caso de casi todos los niños que quedaban en el pueblo, y alguno había entrado en estado de pánico sin explicación alguna. Padres, el médico, el sheriff y otros carroñeros de las afueras, habían intentado sacar algo a los chicos para alimentar más su insaciable lujuria sobre leyendas urbanas, pero aquellos chicos nunca más volvieron a ser como eran, ni a contar nada relacionado con lo que llegaron a encontrar en el interior.

Fue en el año 2010 cuando llegó a registrarse el primer caso de suicidio relacionado con la casa de la colina, este hecho sacudió a toda la comunidad y, fue cuando empezaron a poner reglas, tomar precauciones y todo lo que se les pasara por la cabeza, con tal de que sus hijos no acabaran igual.

Henry Colleman iba a convertirse en deportista de élite, o esas eran sus expectativas. El día de su decimoctavo cumpleaños se encontraba con su grupo de amigos en el cementerio, emborrachándose, haciéndose el valiente delante de las chicas, y alardeando de la beca deportiva que había ganado para salir de aquel pueblucho. Fue en el punto álgido de la noche cuando los retos empezaron a ser parte de la gracia de la fiesta.
Nadie recuerda quién fue el que aportó la idea de subir la colina y colarse en la vieja casa abandonada, pero después de bastantes copas todos los vieron como un buen rento que debía cumplir Henry junto con Sandra Truman. Al final, el reto no pareció tan buena idea como había resultado unas horas antes.

Ya sabéis cuál fue el futuro de Henry Colleman... la tumba. Y Sandra, bueno Sandra corrió un poco de mejor suerte, no llegó a suicidarse y eso que lo intentó varias veces, pero en estos momentos se encuentra internada en un psiquiátrico de máxima seguridad en San Francisco. Sus padres intentaron alejarse lo suficiente como para que no les llegaran nuevas noticias de Roarwood y darle una segunda oportunidad a su única hija, la cual tardaría en llegar.


Como veis la historia de Roarwood es movidita, espeluznante para algunos, y para otros muchos, emocionante en sí misma ante los extraños acontecimientos que suceden en la casa. Son muchos los especialistas que la han visitado a lo largo de los años, ninguno de ellos ha llegado a una explicación clara o lógica, pero siguen intentándolo, por lo menos aquellos que aún siguen cuerdos, con vida o con fuerzas para enfrentarse de nuevo a ella...

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