14 de junio de 2016

Clutch Shot. Capítulo VI


Llegó el día del funeral. En la Catedral del Santo Nombre de Chicago se otorgó el último adiós, con honores de leyenda, al que había sido el último mito de la ciudad.
Aficionados, fans e, incluso, algunos jóvenes niños se agolparon en las calles para despedir a William C. Johnson, la gran esperanza del basket estadounidense y el chico bueno que servía de ejemplo a todos aquellos que, en un futuro, desearan seguir sus pasos.
El ataúd fue llevado por el comisario Winstone, el capitán Luke Robertson y diversos miembros del equipo y amigos de Will.
Una vez que el féretro llegó a la catedral, el padre Bonham comenzó a decir sus palabras de despedida:
-Hoy, hermanas y hermanos, estamos aquí reunidos para despedir a una noble, sencilla y a la vez maravillosa persona, cuya partida ha dejado un gran dolor y pesar en el ánimo y en los corazones de todos los habitantes de esta magnífica ciudad. Por siempre recordaremos su espíritu de lucha, su cariño hacia los habitantes de Chicago y el amor que profesaba hacia los componentes de su equipo quienes, según palabras textuales del bueno de William, le habían dado todo con lo que siempre había soñado. Gran jugador y mejor persona, siempre en disposición de ayudar a quién más lo necesitaba. Un chico, en definitiva, justo y objetivo que nunca puso sus intereses personales por encima de la razón y, con ello, logró ganarse el afecto de todo el mundo.
Hablo, y lo hago en nombre de todos, cuando digo que vamos a extrañar mucho su persona pero siempre, siempre, podremos recordarla con una sonrisa en los labios, como él siempre hubiera querido. Desde aquí, le damos nuestro último adiós. Descanse en paz, William C. Johnson.

Finalizado el funeral, todos los protagonistas de esta historia y que rodeaban el entorno de Will, se encontraron en la puerta de la catedral y comenzaron a intercambiar opiniones mientras intentaban apartar a los carroñeros de la prensa que buscaban sus típicas y morbosas imágenes de las lágrimas de las víctimas. Incluso algún pequeño cruce de palabras y mínimos altercados se sucedían para evitar todo ese estúpido circo mediático que los periodistas buscaban montar sin conocer siquiera el por qué había ocurrido todo esto.
Entre medias de esa situación, Andrew y Stacy, ahora más unidos que nunca, intercambiaban teorías sobre el motivo de lo ocurrido.

-Sigo preguntándome, ¿cómo llegó eso a su cerebro? Y en el caso de que fuera inoculado, que es la razón más probable, ¿cómo narices llegó a entrar en su casa?
-Andrew...
-No paro de darle vueltas. ¿Y si todo fue..,. ya sabes, una decisión cobarde de Will?
-Andrew, cállate ya por dios. Creo que no es el mejor momento de ponerse a elucubrar.
-Lo se, tranquila. Es solo que somos los responsables directos de conocer qué ocurrió y me duele en el alma pensar que quizá fuese un suicidio
-Siento deciros que es lo más probable -interrumpió Amanda, llegando hasta ellos acompañada de un visiblemente afectado Sam Winstone -. Lo siento chicos, pero... Hemos detectado que en el informe policial no había otras huellas que no fuesen las de Will en la jeringuilla. Escuchadme, chicos...
-No, Amanda, escúchame tú a mí - contestó enfadada Stacy -.
-Stacy, lo siento. Se que habéis trabajado muy duro pero...
-¡No, no, no y no! Me niego. ¿Qué pasa con la alineación de los cuchillos en la cocina? ¿Y la droga directa al cerebro? ¿Es que acaso nadie cree que esto ha sido un asesinato? Andy... Tú, tú has estado conmigo, a mi lado, codo con codo en el laboratorio y en mi casa. Sabes mejor que nadie lo que ha podido ocurrir, tú mismo tenías tus teorías y...
-Oye, Stacy. Te quiero, ¿vale? Y tienes razón, pero han pasado unas semanas y aun no tenemos nada. Y por lo que parece no lo vamos a conseguir... Creo que es la hora de volver a casa y descansar, y sobre todo.. De dar la noticia real en los medios. Hay que hacer saber a la gente lo que ocurrió.
-No... Will no pudo hacer algo así. Si él se rinde, ¿qué fuerza nos queda a los demás?
-Quizá no fuera, finalmente, el más valiente de todos -contestó el comisario Winstone-. Quizá ésta sea su manera de darnos su fuerza a todos por igual desde allá donde esté. Stacy, se que para ti es duro, pero tienes a alguien a tu lado como Andrew que te ayudará a superarlo todo.
-Se lo prometo señor. No te fallaré, Stacy. Y vosotros dos -dijo Andrew mirando a Amanda-, más os vale hacer lo mismo.

Y, una vez dichas estas palabras, cada nueva pareja volvió a sus casas sabedora de que el espíritu de William Johnson siempre estaría con ellos a lo largo de su vida, en los momentos más difíciles.

Pasó el tiempo y, si os preguntáis qué ocurrió pasado este mal trago, os contaré que los Chicago Bulls volvieron a ganar el anillo de campeones de la NBA por segundo anillo consecutivo con un vestuario de carácter férreo tras superar el bache de los días oscuros. Luke Robertson fue mejor jugador de las finales y Amanda Hammond, la chica de la eterna sonrisa y el pasado picante que ahora formaba familia junto al comisario Sam Winstone, se convertía en la primera mujer en ser entrenadora del año en la historia de la liga. Además, Martin Rosenberg, dueño del equipo, se convirtió en hombre del año tras conseguir desarbolar a la mayor red de proxenetismo de Chicago, aquella que tan malas pasadas le jugó aquella vez.
Mientras tanto, el grupo de amigos formado entre el instituto y la universidad y que componían, entre otros, Jeff Stauskas, Robert Swanson y la feliz pareja de Stacy Rowns y Andrew Thornton, volvían a juntarse y recordar buenos momentos de adolescencia.
Así que, finalmente, amigos lectores, Chicago consiguió salir adelante tras una gran pérdida siguiendo el lema de William y la mejor de las sentencias: NUNCA TE RINDAS.

©AitorAlberto

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