4 de marzo de 2016

Acorralada


El intenso palpitar de su corazón martilleaba sus oídos. Respiraba con dificultad. ¿Qué le ocurría?, en todos sus años como agente nunca había sentido algo parecido.
Seguía teniendo el arma en alto, pero veía como sus manos temblaban haciendo que el cañón se moviera de izquierda a derecha sin apuntar a un punto fijo. El asesino veía su miedo y una vaga sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.

Sam no pudo mover ni un músculo, aunque veía con sus propios ojos como el asesino se acercaba a ella a pasos lentos.
El inexplicable miedo paseaba a sus anchas por todo su cuerpo, hacía que sus músculos no obedecieran a las órdenes que su cabeza estaba mandando a gritos, con desesperación.

Cinco pasos y estaría sobre ella...

¡Al fin!. Tanto él como ella, sabían quién acababa de proclamarse vencedor.

Miró hacía abajo y vio como la hoja salía de su estómago. Ya no brillaba como cuando entró, sino que ahora estaba cubierta de la vida que acababa de arrebatar...


Sam gritó, recubierta de sudor. Palpó todo su cuerpo y llegó a la conclusión de que sólo había sido una mala pasada de su subconsciente. Ella había sido la vencedora.

Lo que Sam no sabía era que la pesadilla había resultado ser cierta. Que uno de sus compañeros había llegado en el momento justo para salvarla y, que él había apretado el gatillo contra el agresor. Había sido cierto que un miedo incomprensible se había apoderado de ella y, que había salvado la vida por puro milagro.

Sus compañeros no quisieron agravar la situación contándole la verdad. Solo esperaban que en próximas circunstancias no se volviera a repetir.

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