23 de febrero de 2016

Clutch Shot. Capítulo III.

Dibujo realizado por Lara Guio Nogales

Mientras las palabras del alcalde resonaban en todas las pantallas, radios y teléfonos móviles de la ciudad de Chicago, el comisario Winstone llegaba a la escena del fallecimiento: la casa de William C. Johnson.
"Me temo lo peor", pensaron Jeff Stauskas y la entrenadora Amanda Hammond al llegar a la puerta del que fuera su mejor amigo en su etapa escolar, camino que habían recorrido juntos desde pequeños y que se vio engrandecido cuando el equipo de la universidad ganó la NCAA, la liga de universidades de baloncesto más importante del mundo, con Amanda de entrenadora y William como gran estrella. Todos los recuerdos de aquella noche inundaron las cabezas de ambos ante lo que estaban a punto de afrontar.
Ahí estaban ellos dos, mirándose, uno frente al otro y recordando cada detalle de ese partido.
Los ojeadores en las gradas, el himno americano atronando el prepartido en la voz de un angelical niño de 8 años; Jeff sentado en la grada animando a sus compañeros y comiendo pizza al lado de la sensual Stacy Rowns, el equipo de Michigan State alardeando de haber conseguido ganar tres títulos seguidos y realizando su habitual juego duro que finalizó con la lesión de Swanson, pivot titular del equipo y su traspaso al hospital en ambulancia; y los 6 segundos finales del partido, con posesión para Will. Último tiro ganador y... ¡Dentro! Ganaban la liga y el pabellón estallaba, sobre todo sabiendo de la rivalidad existente con Michigan.
También surcaba sus cabezas la noche del anillo. Había sido una temporada larga, pero la final pareció más fácil de lo habitual. En realidad no lo fue: problemas de lesiones, presión sobre un chico novato del que se hablaba de más en algunos momentos y demasiadas exigencias para un equipo que en los últimos años no conseguía arrancar. Pero finalmente ganaron, y vaya cómo lo hicieron...
Un 4-0 en una final a siete partidos era algo increíble, cuatro noches en las que William había sido el factor decisivo. Sobre todo con ese triple ganador a falta de 3 segundos para el final delante de todo el United Center, de su ciudad, de sus amigos y familia.
Cogidos de la mano y con todo eso en mente, Amanda y Jeff siguieron al comisario hasta la cocina donde el cuerpo inerte del jugador yacía rodeado de cuchillos y otros elementos de cocina, además de tener un charco de sangre de tamaño grande alrededor de su cabeza, justo donde el impacto había sido realizado. "Oh Dios mío", repitieron ambos amigos al contemplar la triste y cruel escena.

-A simple vista... sí parece un suicidio -declaró el forense David Rosenthal-, pero me quedan dudas sobre los cuchillos.
-¿A qué te refieres, DR?- preguntó Winstone-.
-Verás... Ciertos cuchillos sí presentan rastros de impacto, algunos incluso pudieron caer con la punta hacia abajo, ya que hemos encontrado deformaciones en ellos. Pero otros simplemente están manchados de sangre, como si alguien los hubiera colocado así a propósito o intentando mandar un mensaje. Además, no es lo único extraño de todo esto.
-¿Hay más?
-No. Quiero decir, sí... Y no. Me explico: en casos de suicidio, suele haber un móvil que explique los hechos o una nota de suicidio explicando los motivos por los que se ha tomado esta decisión. Y, con la hipótesis del asesinato, ocasionalmente existen huellas que para el asesino pueden ser imperceptibles, aunque posteriormente los equipos forenses encontremos cualquier minúsculo detalle. Un pelo, una huella, un hilo de cordón. Bueno, pues... Siento decepcionaros pero... no hay nada de eso en esta habitación. Ni siquiera en los sospechosos cuchillos. Quien lo hiciera sabía perfectamente por qué lo hacía, qué tenía que hacer y cómo borrar todo rastro que pudiera incriminarlo. Fijaos, si hasta la herida parece haber sido propiciada por una caída.
-Bien, Rotenhal. ¿Entonces cuál es tu hipótesis?- replicó Jeff mezclando sorpresa y enfado al conocer los detalles otorgados por el forense-.
-Lo siento, Jeff. Pero creo que la muerte se produjo por un desmayo o, en su defecto, algún tipo de infarto fulminante y letal. Algo debilitó su cuerpo, quizá sufría de anemia, o simplemente algo falló en su cerebro, el caso es que algo le hizo caer y golpearse con el pico de la cocina mientras preparaba su desayuno. Hemos notado que llevaba un cuchillo en su mano, quizá se golpeará con él en su cabeza agravando la herida producida por la caída. Estas situaciones suelen ocurrir muy frecuentemente, son situaciones similares a las caídas en la ducha. Un mal golpe en la cabeza y adiós. Es lo único que puedo decirte hasta ahora Jeff, lo siento... pero creo que fue por ese motivo. Lo siento mucho.
-Tranquilo -respondió Jeff con tono más empático y comprendiendo que eran pocos los detalles que se conocían hasta el momento-. Gracias por todo Rosenthal.

De repente, Amanda notó que ciertos granos de serrín comenzaban a cubrir su hombro derecho y miró hacia el techo, en donde vio cómo una sombra se movía a rápida velocidad por el piso de arriba.
-¡Comisario! ¡Arriba, subiendo las escaleras! ¡He visto a alguien!
-¡¡Hijo de puta!!
-No Jeff, espera

Winstone intentó, sin éxito, agarrar del brazo a su pupilo, el cual eliminó todo rostro de la amabilidad que había conseguido recuperar y retornó a su vis furiosa e iracunda ante el descubrimiento del posible asesino de su mejor amigo.
-¡¡Arriba las putas manos, maldito asesino!!
-¡¡NO!! Para, por favor, no dispares Jeff. Te lo suplico, por favor.
-¿SWANSON? ¿Qué cojones estás haciendo tú aquí en casa de Will? ¿Y por qué has entrado por la ventana? ¡Habla! Y más vale que sea verdad o te juro que...
-¡Vale! ¡Hablaré! Pero por lo que más quieras, baja la pistola por favor. Sabes que las tengo pánico.

Stauskas bajó el arma y se calmó al ver que era Swanson, el ex compañero de equipo de Will. Agarró su brazo mientras bajaban las escaleras y llegó de vuelta al salón ante la atónita mirada de Amanda y el comisario.
-¡Dime qué cuernos estabas haciendo aquí ahora mismo!
-Vale, de acuerdo. Me he enterado hace un rato, cuando he escuchado al alcalde en la televisión. Quería ver por última vez a mi amigo, aunque fuera muerto, decapitado o... lo que fuese. Quería despedirme de él.
-¿Y qué hacías allí arriba?
-Intentaba enterarme de qué había pasado. Sabéis que la policía no se lleva muy bien conmigo. Me he juntado con demasiados gilipollas que me han llevado por el mal camino y me han metido en tantos líos que la policía de Chicago me tiene casi como persona non grata. Estoy harto de que me den palizas solamente por mi color de piel, y estoy pagando haber tenido una adolescencia tan chunga tío.
Por eso entré por la ventana, quería evitar que esos tíos me culparan, arrestaran y me llevaran a la comisaría para darme una paliza por ser posible sospechoso. Amanda y tú me conocéis, sabéis que es verdad. Comisario, se lo prometo, es la pura verdad, joder.
-Vale, vale. Todo aclarado, joder - respondió Stauskas levantándose del sofá donde estaba y dando un puñetazo a la mesa de cristal harto de todo lo que estaba sucediendo esa noche y visiblemente abrumado por la presión-.

El silencio después de la reacción de Jeff dejó paso a unas lágrimas de Amanda quién, esta vez sí, rompió a llorar de manera desconsolada mientras el comisario la intentaba consolar y Jeff cerraba los ojos apoyando su cabeza en el marco de una puerta cercana.
Swanson se agachó ante el cuerpo de Will y suspiró antes de soltar unas palabras directamente sacadas de su corazón:
-Hola, hermano. No... se cómo decirte esto. Quizá esta no es la forma en la que me hubiese gustado despedirme de ti. Siempre pensé que acabarías triunfando en la NBA y que esa sería nuestra despedida. Tú llegando al estrellato y yo aceptando cualquier trabajo basura lejos de aquí. Soñabamos con eso, con ganar el dinero suficiente para ayudar a nuestro barrio y salir de aquí. Huir de los problemas que nos rodeaban. Y ahora estoy... Aquí. Sentado al lado de ti pero no te reconozco. No reconozco al hombre tumbado y con la cabeza abierta que veo en el suelo. Esto... esto no eres tú. William, Will. Tú me ayudaste. Tú fuiste mi apoyo. Me salvaste de los problemas, me libraste de las drogas, de un futuro negro, de la propia muerte. Pero... Ahora estás así. Ahora ya te has ido. Y ahora que no estás... Dios, ¿quién cojones va a cuidar de mi igual que tú? ¿Quién va a ayudar a alguien tan venido a menos como yo? ¿Quién me va a ayudar? Will... Will, despierta. Despierta Will, por favor, te necesito. Te necesito como el amigo que eras. Por favor, no puedo seguir sin ti, no tengo a nadie. Por favor, Will, no me dejes...

Las palabras de Swanson hicieron llorar incluso al comisario y al forense, quienes se habían mantenido firmes y serios ante la experiencia de mil y un casos así. En ese momento, Jeff se giró violentamente y se agachó abrazando a Swanson, rompiendo ambos a llorar al descubrir la verdadera crudeza de la vida detrás del éxito y recordar todos los momentos grises que hasta ahora habían pasado entre ellos y los miles de casos en los que el policía se había visto obligado a detener a su amigo por mal comportamiento.
Aquella noche comenzaba la vida desde cero y ya nada sería igual nunca más.

©AitorAlberto

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