21 de enero de 2016

Yo también tengo corazón...



¡Hola! Mi nombre es Celta, y quiero contaros mi historia.

Empezaré diciendo que soy un perro de raza Pitbull, de las consideradas "Razas peligrosas"... Sí, sí, de esas que: "se comen niños y atacan a todo que se mueve sin ningún motivo", simplemente por el hecho de ser un perro potencialmente peligroso. Vamos que es, porque soy así y lo llevo en los genes. En fin, perdonádme por la ironía, ya continúo.

Soy fuerte, mi presencia impone, y peso alrdedor de 35 kg.

Todo comenzó cuando hoy, un día como otro cualquiera. Mi amigo llegó a casa, me dio de comer y decidimos salir a pasear. Normalmente solemos pasear solos, en el campo, lejos de los demás. Sabemos que no es algo normal, al menos nosotros no lo vemos así, pero claro soy un Pitbull. La gente huye de mi lado y no paran de hacer afirmaciones tontas como:

- Uy, esos perros son malos, ¿verdad?

U otras como:

- Esta raza se vuelve loca con la edad

Etc., etc.

Mientras otros, llevan sueltos a pastores alemanes, huskies, y otras muchas razas grandes, fuertes, potentes... pero claro, ellos no son como yo. Es como si ellos no tuvieran dientes; o puede ser que yo sea pariente de tiburones o cocodrilos, en vez de un perro más.
La triste verdad es que ya nos hemos acostumbrado a todo esto, y no nos importa estar solos, pasando de los líos y de la gente.

Mi amigo, la persona que me cuida y, a la que más quiero en este mundo, se ha preocupado desde que nací de socializarme, quererme, alimentarme, entrenarme para que aprendiera como comportarme en todo momento y, aunque soy bastante cabezota y, ¡QUE DEMONIOS, SOY UN PERRO!, lo hemos conseguido.

Volviendo a casa después de un buen paseo y mucho, mucho juego, de lejos, de muy lejos, mi amigo y yo vemos que un Husky sin correa se separa de su dueña y empieza a correr hacia nosotros, y que por mucho que esta lo llama, el Husky hace oídos sordos. Mi colega me dice que no vaya que me quede quieto, y me quedo junto a él para que me enganche con la correa. No queremos peleas, ni líos, ademas tengo las de perder si pasa algo y hay sangre, soy un Pitbull, ¿recuerdan?. Violento por naturaleza, juzgado antes de cometer ningún delito y sentenciado, sin preguntar el cómo y el por qué llegado el momento.



Me atacó, así sin más, sin yo haber hecho nada, solo pasear lejos, solos, como de costumbre y, a pesar de haber obedecido, el único herido fui yo. No fue nada grave, pero me quedé sin aire al intentar huir y estar atado con mi correa, aún así se pasa mal.
Es la primera vez que me pasa algo así, procuramos evitar estos contactos por los muchos motivos que he enumerado en esta misiva, pero no habrá una segunda. Lo hemos estado pensando mi amigo y yo, y hemos decidido que en un caso así tengo el derecho a defenderme y quizá las consecuencias sean otras, porque en el fondo...soy un Pitbull.


Nota: Nunca más volveré a sujetar a mi perro si lo vuelven a atacar.



Aquí os voy a mostrar, que los peligrosos no somos nosotros, sino las manos que nos educan.

https://www.youtube.com/watch?v=1QH2bDQbGwo


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