Después de un lavado a fondo, que se
había sucedido durante semanas, la villa de la colina cobraba un mejor aspecto.
Limpia, con pintura nueva, decoración moderna, luces y, rodeada de plantas vivas.
Todo se encontraba listo para la inauguración, sólo quedaba un pequeño detalle.
Hasta el momento, los vecinos de Roarwood no
se habían enterado de los planes que tenía en mente Emma para la casa. Habían
observado asombrados la transformación que esta había sufrido en los últimos días, y las reservas de algunos vecinos habían ido evaporándose.
Poco a poco el miedo que le tenían
a la Mansión de los Gritos, como les
gustaba llamarla, iba desapareciendo.
Emma se encontraba con los brazos en jarra,
observando detenidamente el enorme cartel que tenían enfrente. Pierre la
observaba con cautela, no sabía descifrar si a su jefa le estaba gustando lo
que veía, o por el contrario estaba sopesando todos los fallos que encontraba
por él.
Poco a poco Emma fue dándose la vuelta, con
el ceño fruncido y los labios apretados. Se quedó mirando fijamente a Pierre
con esa expresión que no denotaba alegría alguna.
Pierre ya se estaba
preparando mentalmente para la que se le venía encima, un sudor perlado comenzó
a aparecer por su frente, tragó saliva y cerró los ojos.
Una carcajada. Otra. Y, otra más. Pierre desconcertado, abrió los ojos lentamente y vio como Emma sonreía de oreja a
oreja.
- ¡Es perfecto! Me encanta Pierre, buen
trabajo.
Pierre con la boca abierta de par en par y
aún sin asimilar del todo lo que había ocurrido, meneó la cabeza en gesto
afirmativo.
- Ya está todo listo, sólo falta el cartel. ¡Vamos
ayúdame! – gritaba Emma – Dentro de nada el edificio entero estará a rebosar.
Ambos cargaron con el cartel y lo llevaron a
la explanada de entrada, lo clavaron cerca de la rampa de subida, para que
se viera bien desde abajo y desde el pueblo.
Para la dueña aquello era un pozo de alegría,
mientras que para ciertos vecinos que miraban asombrados el cartel, aquello no les
hacía ni pizca de gracia.
El cartel rezaba así:
THE NEW HOTEL
Aquella visitante no sólo iba a quedarse, sino que encima había convertido aquella
endemoniada casa en un hotel que atraería toda clase de extraños al pueblo.
"Aquello no podía seguir así" - pensó uno de los lugareños - "Tenía que hacer algo al respecto y rápido"
Los terroríficos acontecimientos que pasarían en los próximos días en "El Nuevo Hotel", dejarían huella en la mente de todas y, cada una de las personas que allí se hospedaron durante la noche en que la luna llena se encontraba en todo su esplendor.
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