abril 25, 2017

"La Guerra del Corazón Oscuro". Capítulo 3


Aquel día todo pasó deprisa, demasiado para ser una especie de día libre en casa con la familia. Conversaciones, comilonas y algún que otro chascarrillo sobre lo que nos rodeaba en nuestra ciudad para hacer más ameno y divertido el día juntos.
No solían darse mucho debido a la distancia que nos separaba. Mis padres vivían ahora en un pequeña casa en un pueblo de Minessota, bastante alejado de la ciudad donde yo vivía actualmente, así que la distancia, la rutina y la edad habían provocado que los otrora cotidianos viajes se hubiesen convertido en meras visitas esporádicas por fechas señaladas o, simplemente, en días de paso en los que únicamente recorrían un sinfín de kilómetros para preguntarme qué tal estaba y traerme comida.
Una vez llegó la noche, y tras otra maravillosa velada acompañada de una deliciosa cena, mis padres se fueron a dormir mientras yo quedé solo en mi habitación con mi pequeña luz amarilla y los libros de la estantería que necesitaba y que, aun manchados de sangre por mi caída del otro día, parecían pedir a gritos que los abriera para descifrar la encrucijada.
Así que, sin más rodeos, me decidí hacerlo. Cogí papel y boli y empecé a recordar todas las historias que habían sucedido últimamente en torno a mi vida. El suceso del Metro, la preparación del festejo de Halloween, el encuentro con esa tal Mary y su posterior disculpa, la casualidad del número 13... Cualquier historia rara, paranormal, loca o confusa vivida en mi vida valía para intentar hacer un esquema mental de la situación que valiese, a su vez, para descubrir todo. El esfuerzo fue en vano y, 1 horas después, caí en un profundo sueño por el esfuerzo que suponía tratar de encuadrar toda aquella montonera de ideas. Tras un rato de sueño, me despertó un salvaje grito; era mi madre, desde su habitación y parecía suplicar para no sufrir daño. Salí corriendo de la habitación, atenazado por los nervios y con el corazón latiendo exaltado, y me encontré, de nuevo, a uno de esos monstruos de película, el de las pesadillas adolescentes. Sí, exacto, el tío de la mano quemada y las uñas largas que te mata por las noches.

-¿¡Qué está pasando!? ¡Tú, deja a mis padres en paz o te quemo vivo!
-¿De veras podrías hacerlo? Creo que tienes mucho sueño. Y el corazón muy blando, no matarías ni una mosca, Ethan. Considera esto como un ligero entrenamiento....
-¡He dicho que pares, Freddy!
-¡Vaya! ¿Cómo sabes mi nombre?
-Em... eso es una buena pregunta. Quizá sea porque me he visto todas sus películas. Y soy muy fan, en serio tío. Oye, por cierto, tu disfraz es genial.
-No es un disfraz, viejo amigo.

Esa voz. La reconocí al instante, tanto por su voz como por su mano en mi hombro. Era ella, solo que esta vez parecía más amistosa y seductora que de inicio. Mucho peor.
-Vaya, hola, eh... Eres la chica que me asaltó el otro día por la calle.
-Me alegra que te acuerdes de mi, Ethan. Pensaba que tras el incidente no ibas a querer hablar conmigo otra vez.
-Sí, la verdad que estoy empezando a considerar esa decisión.
-Venga, sabes que no muerdo...
-Ethan, ¿quiénes son estos? ¿Tus nuevos amigos?-interrumpió mi padre, mezclando en su voz el sueño y la mala leche por haber tenido que despertar tan de madrugada-.
-Oh, tranquilo papá, son solo una pandilla de frikis que llevan reventando Halloween desde la última semana. ¿Se iban ya, verdad?
-No lo harán, hijo...

Me giré sabiendo qué me iba a encontrar, y en efecto, era el hombre del Metro. Menos sereno que la última vez que nos vimos, más perturbador y dispuesto, ya que su rostro le delataba, a echarme una buena charla demonio-humano.
-Joder, ¿otra vez tú? Oye, mirad, si venís a robar porque sois de esa gente que se creen graciosos y solo quieren ver arder el mundo con el sufrimiento de los demás, pues adelante. Coged lo que queráis, pero dejadnos en paz ya, por favor.
-¡Lo ha dicho! ¡Me pido llevarme el dinero!
-¡Mary!
-¿Ves? Al final te has aprendido mi nombre.
-Vale, esto es lo que haremos. Yo voy un momento al baño a lavarme la cara y vosotros os vais, como si esto fuese una pesadilla de vuestras pelis en realidad, ¿vale?

Salí corriendo de la habitación hacia el baño a echarme agua, pero la sensación seguía siendo la misma. Una y otra vez, por más agua que me echaba, ésta salía cada vez más caliente y el vacío y los nervios se hacían más intensos. ¿Qué pasaba últimamente? ¿Por qué estos locos se colaban en mi casa? ¿Acaso me iban a matar a mí y a mis padres? Salí del baño y me dirigí hacia el salón para comprobar que todo estuviese bien para toparme con la triste realidad de que no era así. Encendí la luz y sentados me encontré a un tío con motosierra, una mujer madura de unos 30 o 40 años con dos cuchillos y otro enmascarado como si fuese un jugador de hockey con el nombre de Jase a la espalda de su chaqueta.
Me asusté, cayendo de espaldas, y esquivé desde el suelo la motosierra hasta conseguir incorporarme y darme la vuelta hacia la cocina donde me esperaba ese tal Freddy.
-¿Vas a alguna parte, guapetón?
-¡Lo siento, no soy guapo!

Conseguí empujar al bicho raro y llegar de nuevo a la habitación, donde me cortó el paso el hacha de la maldita de siempre. En ese momento, mi padre, quien había terminado de desperezarse, me habló con calma y serenidad:
-Ethan, tienen razón. Este hombre y tú debéis hablar. Él es, bueno, tu verdadero padre.
-¿Qué? -noté como mi cuerpo se rompía por dentro y mis ideas se eliminaban una a una. De repente, todo en lo que había creído, mi familia, mi pasado, mi vida, todo carecía de sentido en ese momento-.
-Lo que has oído, Ethan. Meph, Mephisto, es tu padre.
-Vale, esto se acaba de poner rarísimo. Yo me estoy mareando, así que os agradecería que me dejarais ir un momento a la cocina a por algo de café para asimilar todo esto. Y por favor, que nadie me siga para matarme. Volveré, solo quiero café, solo necesito algo de agua y café y...
-¡Ethan! No hay más momentos -la voz de Mephisto tronó seria y amarga, como impaciente por terminar algo que se le echaba demasiado encima-. Necesitas saber todo esto y lo debes saber ¡ya!
-Tranqui, Meph, papá, como sea, traeré de sobra para todos y todas. ¿Café unánime? ¿Sí? ¡Gracias por no decir nada diferente! Mary, tú ven conmigo, creo que si voy solo me desmayaré por el camino.


-Sí, claro, te acompañaré...

El gesto de Mary pasando la mano por mi espalda, su voz delicada y el silencio de la habitación dejaba bien claro que no eran los asesinos que yo inicialmente pensaba. Comencé a sentir que aquello sí era mi destino y que quizá todo aquello fuera bastante importante, pero algo dentro de mi sentía que no cuadraba nada. ¿Cómo demonios iba yo a ser alguien de allí abajo? ¿Un hijo del demonio vagando a sus anchas por la Tierra de los mortales y teniendo una vida casi miserable? Definitivamente, la encrucijada pasó a formar parte de mi y la pesadilla cada vez era más intensa.


2 comentarios:

  1. Tiene buena pinta. ¿Podríais enviar luego un PDF para descargarlo y leerlo en formato impreso?

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